Mallo de Luna

Mallo de Luna
Las montañas y el pantano

miércoles, 29 de marzo de 2017

Sube al Cuartero

SUBE AL CUARTERO

Vente, que yo te espero
¡Yo te espero aquí arriba!
Vente, que yo te espero.
Estoy aquí arriba, en el Cuartero

Sube poquito a poco,
que no te entre fatiga.
Sube poquito a poco,
que el camino es cuesta arriba.

Perderás de vista el pueblo.
¿Y si no vale la pena?
¡Sube! que no miento.
Mi verdad es de la buena.

Te mostraré tesoros.
¡Descubrirás secretos!
que no se compran ni se venden,
porque son de todos…
porque son eternos.

Verás la inmensidad
de los pastos del Cuartero.
Conocerás la paz;
que va por fuera y por dentro.


Verás las cuatro hermanas
orgullosas y expectantes
de la noche y la mañana…
¡Son las Peñas de Mirantes!

Susurros escucharás
que el viento dejando va.
son caricias, son aullidos…
son alientos de soledad.


Y cuando pienses que este milagro
ya no da más de sí,
espera a que caiga la noche…
¡Camino de estrellas en frenesí!

Baja, deshaz el camino
Despídete de aquí.
Y cuéntalo todo, amigo,
pues forma parte de ti.

martes, 31 de enero de 2017

Regalo consejos que para mí no tengo

A raíz del post del Pueblo fantasma, dejé en el aire unas cuantas ideas que quizás a alguien le sirvan si es que decide finalmente emprender una actividad económica en nuestros pueblos de alta montaña.

Por la orografía de Mallo y sus características, algunas actividades se ajustan a la perfección, pero es posible que si decides seguir alguna de las ideas en tu pueblo, tengas que adaptarlas o estudiar muy bien si son factibles.

Mallo tiene las siguientes características (sacado tal cual dela web del ayuntamiento de Los Barrios de Luna):

"Bordeando el pantano desde Los Barrios, llegamos a Mallo de Luna. El pueblo es el vivo reflejo de los otros que forman el ayuntamiento. Un lugar tranquilo y hermoso.

En otros tiempos fue de gran importancia por su presencia en el recorrido de la Mesta. Cientos de miles de merinas llegaron a pasar por aquí.

En los alrededores existen profundas oquedades en las peñas que invitan a la práctica de la espeleología.

Caminar hasta la iglesia desde la parte final del pueblo es un paseo tranquilo que nos muestra una serie de casas montañesas en diferente estado de conservación.

Desde Mallo podemos realizar dos tramos del recorrido de la ruta del Cuartero (de Los Barrios a Mallo, y de Mallo al Cuartero). También podemos disfrutar del tramo de la ruta de Lagüelles de Mallo a la Choza de Cosera."

Bien, en definitiva tenemos un pueblo de alta montaña, el cual:
  • es el final de la carretera asfaltada, para dar acceso a un camino sin asfaltar que nos lleva al Cuartero, Paraje comunal de belleza incomparable.
  • está a orillas del Embalse de Barrios de Luna
  • posee un pequeño río que desemboca al pantano
  • en las laderas que enmarcan el pueblo crece un sabinar extenso
Teniendo esto en cuenta las actividades económicas que se me han ocurrido podrían enmarcarse en varias categorías:

  1. Turismo exclusivo
Si, estamos hartos de casas rurales y aun así en Mallo, que yo sepa sólo hay una. Si eres conservador, es una buena opción, pero aprovechando que el pueblo está más aislado que menos del ajetreo y esas cosas, yo voy más allá:

El Cuartero, o cualquier prao de camino a él sería un escenario maravilloso para montar un hotel al aire libre, como han hecho estos empresarios en Suiza por 250€ la noche.

Sólo trabajan en verano y tienen reservas hasta no sé cuando. El desayuno está incluido, y el servicio de habitaciones se puede contratar sólo desayuno o media pensión. Supongo que los traslados los organizará el hotel, claro está.

Otra idea curiosa es esta: 



¿Por qué limitar el turismo exclusivo a los meses de verano? esta iniciativa sacaria partido al maravilloso potencial de nuestros montes... o no?

Localizado en Laponia, el sector montañoso de Saariselkä en el Parque Nacional Urho Kekkonen, a 35 kilómetros del aeropuerto de Ivalo, se encuentra este particular hotel (Hotel Kakslauttanen).


Su característica es que consta de iglús de cristal para observar las auroras boreales. En nuestro caso nos limitaríamos a ver el cielo estrellado, jeje.. Las construcciones cuentan con un cristal especial térmico que mantiene el interior siempre en niveles cálidos, mientras afuera la media puede llegar con facilidad a los -30°C. Cada iglú está provisto de un baño y camas de lujo.


Casas de retiro espiritual:

Oh, si, ese maravilloso mundo de lo místico es para ricos, que lo se yo. Un dia mi suegra me dijo lo que valía una semana en una casa de retiro espiritual y casi se me cae el alma al suelo, jajaja! 400€... eso si, te tienes que currar un poco el rollo místico y esas cosas, si eres de los que practica meditación, yoga, reiki, etc, esta es una buena alternativa.



2. Explotaciones agrícolas/ ganaderas alternativas:



Estamos hartos también de ver que las vacas, ovejas, cabras, caballos... no dan la rentabilidad esperada para el sacrificio que conllevan. Pero... ¿y si nos gusta vivir de ello y queremos ir por esta vía a pesar de todo? bueno, pues estáis de enhorabuena, existen bichos mucho más rentables y que se pueden criar sin problemas en nuestro pueblo:


Cría de Alpacas:


En Cantabria, ya nos llevan la delantera, y existe al menos una granja especializada en este ganado Alpacas de la Tierruca, cuya lana es de sobra conocida por su calidad y exclusividad. Os animo a que le echéis un vistazo si queréis seguir investigando este campo. Por cierto, sus fundadores estaban hartos de su trabajo en una fábrica de electrodomésticos y se decidieron a dar el paso para vivir en el pueblo de una manera diferente... todo un ejemplo de lo que trato de transmitir.




Granjas de caracoles:

Si, los caracoles también se crían, jajaja! y bien que lo saben en Caracoles de Aragón. Sacan entorno a 6€ el kg, dependiendo de la temporada. En su página web te animan a informarte de cómo comenzar con tu granja, no tiene pérdida.


Cultivo de frutos rojos:


Si los bichos no te molan, puedes centrarte más en la agricultura. Por ejemplo, en Asturias hay una empresa que se encarga de asesorarte si decides trabajar con ellos, para empezar a cultivar frutos rojos. Se llama Frutos Rojos de Asturias. ¿Y quién no ha ido a Arándanos? sabemos que en nuestro pueblo y alrededores los hay, así que no es nada descabellado. Por cierto, es un sector en auge, y casi el 90% se exporta a UK.



Cultivo de la flor de Árnica

Va, lo confieso, esto lo acabo de descubrir ahora que me estoy documentando para el post. En Lleida, han aprovechado las condiciones del medio de alta montaña para cultivar la flor de Árnica, con infinidad de aplicaciones en el campo de la medicina y la cosmética. Hay muy pocas empresas que se dedican a esto, y además hay mucha demanda porque la población natural cada año se va reduciendo. En definitiva, rentable y punto.




Cultivo de las bayas de enebro o sabina:


Tenemos un sabinar, no? Eso quiere decir que en este terreno se da bien dicho árbol. ¿sabías que la ginebra está hecha con multitud de ingredientes, pero uno de los más importantes es la baya del enebro? Blanco y en botella... sólo falta crear una destilería y sacar al mercado la marca exclusivisima de la muerte: GinMoon, la Ginebra Leonesa...

Si no te quieres complicar, con comercializar las bayas vale, o a caso no las has visto flotando en tu gintonic de 10€ la copa?



3. Deportes de aventura/ Camping

Vale, si, hay ya algo parecido en Caldas de Luna, pero oye, donde cabe uno, caben 2. Lo bueno es que en Mallo lo tienes todo a tiro de piedra: el pantano, el Cuartero, las cuevas, las paredes pa escalar... Sólo nos falta tener río de deshielo, pero bueno, todo no se puede tener...

El camping está cerrado desde hace no se cuando... sería cuestión de revisar los permisos y ver si se puede montar uno en nuestra orilla del pantano.

Otro campo por explotar es el tema de las cacerías. Hay muchísimo cazador en la zona, digo yo que alguna salida en el campo de la hostelería que se dedicase en exclusiva a esa clientela podría prosperar... por ejemplo, tráeme tu jabalí y yo te lo guiso y te lo entrego en tuppers pa congelar... te organizo la comilona con el resto del equipo, etc

Las visitas guiadas explicando el modus vivendi de los antiguos habitantes del valle, Las granjas escuela, los campamentos... es otro de los filones de oro que se podrían trabajar en un pueblo situado en el corazón del parque natural de Babia-Luna... oh... por qué no me sobra el dinero, Señor? tanta idea sin poderio económico es una torturaaaa!



En fin, cosas para hacer, haylas, y muchas, otra cosa es tener la determinación. Si los negocios prosperan, se emplean a muchas personas del entorno y se revitaliza toda la zona. Vale la pena planteárselo seriamente.

¿Y tu? Tienes alguna otra idea que compartir? o prefieres callártela para siempre y guardarla en un cajón para que guarde polvo indefinidamente?Cualquier comentario o aportación serán super útiles. Quien sabe si de aquí sale alguien con las agallas para comenzar y es el nuevo Amancio Ortega de la Alta montaña....



jueves, 26 de enero de 2017

Pueblo Fantasma :(

Deben ser cosas de la edad, pero con el paso del tiempo me vuelvo más trascendental y me fijo en cosas en las que antes ni reparaba. Últimamente me da por pensar en el futuro a corto plazo de mi pueblo. Este Post está escrito desde el corazón de una nieta del pueblo, que desde la distancia, sigue la estela y el porvenir de cuanto sucede y lo hace suyo porque le importa, le preocupa. A poco que te guste Mallo, estoy segura de que en algún punto de este escrito coincidiremos. Vamos allá!

Cada año, como si de hojas de árbol caduco se tratase, nos llega la noticia de que un vecino del pueblo nos deja. Unas veces familia directa, otras amistades y allegados, pero en definitiva, son historias que se cierran para siempre en el libro de la vida de nuestro pueblo.

Obedeciendo a la ley natural  de la vida, suelen ser gente de avanzada edad, que atesora en su vivencia, en lo que les queda de memoria, la sabiduría popular, el arte de saber vivir del campo, del monte, de los animales, en estrecha comunión con el entorno.
Van cayendo sin dar el testigo a nadie. ¡Asumámoslo! con cada viejit@ que se va, se nos va un testigo de cómo un pueblo lleno de vida va despoblándose, perdiendo a cuentagotas la gente, las actividades económicas, su identidad.

Las preguntas que me vienen a la mente son: ¿de verdad nos interesa que pase esto? ¿queremos un pueblo que solo tenga vida los fines de semana y los meses de verano? Por que sinceramente creo que es a lo que se ve abocado Mallo de seguir con esta tendencia.

Habrá gente que me dirá: - oye, cómprate unas vacas y unas ovejas y vete a vivir del campo tú.- Sacrificado a más no poder, 24x7, mal remunerado, expuesto a las condiciones del medio ambiente... si. Tenéis toda la razón, con las comodidades de hoy en día no estoy dispuesta a tal sacrificio en solitario. Por que antes, había un montón de familias que vivían del campo y entre ellas se apañaban, había roces y camaradería, había un tejido de relaciones personales que hoy, si existen, no llegan ni a la altura del betún. Al menos, la calidad en el trato humano era buena por que era necesaria. Hoy tu, mañana yo. Pero montar una actividad económica en solitario hoy en dia es un suicidio social. Un pueblo deshabitado donde J.C. perdió la chancla no es atractivo para nadie. Soy una idealista, pero no estoy loca.

Lo que quiero destacar es que lo hace que un pueblo viva es la gente y cómo ésta se relaciona. Si no existe interdependencia, como sucede en las urbanizaciones prefabricadas, las relaciones no pasan del hola y adiós. Asumamos también que esto es lo que está pasando hoy en día. Mallo no dista mucho de ser una urbanización de veraneantes y gente que vive en León y sube de viernes a domingo. Lo cual me lleva a afirmar que el pueblo, a pesar del potencial humano que tiene, esta casi MUERTO.
Y digo CASI por que por fortuna todavía queda gente que apuesta por fijar allí su residencia. ¡No se vayan a pensar ustedes que no hay ni un alma entre semana! a ver si me lee el panadero o el del pescado y dejan de subir entre semana, jejeje..

Hablando sobre esto con mi tío, me sorprendió saber que él estaba de acuerdo con que Mallo siguiera con esta dinámica (más bien estática, diría yo). Según su forma de pensar, no le interesaba que hubiera movimiento, ni gente nueva, ni cambio alguno para fomentar el crecimiento en el pueblo. Quería un Mallo tranquilo, tipo urbanización. 

Opinión respetable. Estoy segura de que no es el único que opina así. Pero qué queréis que os diga... cuando uno prueba la comida con sal, que te la den sosa no mola. Lo que hacía de Mallo un lugar especial para mí se está perdiendo con este nuevo modelo tipo urbanización.

No se al final qué postura es la correcta, lo que sí está claro es que a nivel administrativo, tener cada vez menos población empadronada se traduce en menos ingresos y todo va a menos. No hace falta ser un lumbreras.

No me voy a poner a decir ahora lo que toca hacer desde la administración, que lo saben de sobra (espero, porque sino...vaya tela). 
Yo tengo un montón de ideas en mente que pueden funcionar, porque en otros sitios con menos recursos lo han hecho. Si alguien quiere que le inspire que me lo diga y le diré mis ideas encantada. Yo, por circunstancias de la vida, he fijado mi vida en Castellón, pero siempre estoy pensando en alternativas factibles por si algún dia el destino da un giro inesperado y tengo que irme al pueblo... jejeje! 

Bueno... ¿y tú qué opinas? debemos intentar rescatar lo bueno que tenían los pueblines como Mallo? o debemos dejar que se conviertan en meras urbanizaciones de verano y fin de semana? ¿crees que la administración hace todo lo que puede?

viernes, 20 de enero de 2017

la taza de chocolate...

No hará mucho estuve de nuevo en Mallo, visitando a mi familia por la llegada de un nuevo miembro, el pequeño Liam. Como ya hacía un poco de mal tiempo, pasabamos bastante tiempo al amor de la cocina de leña, la de toda la vida. 

Como siempre, los rapaces, a los que nunca parece afectar el frío, no paraban de entrar y salir de la cocina, trajinando alguna aventura o chivándose de alguna tontería. Por supuesto, se dejaban la puerta abierta, y aire frío que entraba por ella, me trajo otro flash back de mi niñez.

Con el frío en los riñones, mientras iba a cerrarla remugando, no pude evitar buscar con la mirada en el fregadero aquella taza que mi abuela guardaba como oro en paño. No se porqué, pero tener aquella taza entre las manos podría teletransportarme al cerrar los ojos a un tiempo en el que en verano los niños jugaban al escondite, a las cuatro esquinas, y cabalgaban a lomos de aquellas bicicletas heredadas de hermanos mayores. aquella taza...

Con aquella taza me iba yo, la más pequeña de todos, a la chocolatada que Teri la de Santa preparaba de vez en cuando en agosto. Recuerdo cogerla con mis deditos con fuerza, porque mi abuela me había dicho que no podía perderla, que tenía que volver sana y salva a casa, ya que al ser de metal, no se rompía y se la estimaba .

Lo que no cabía en mi taza, ni en todo el pantano, era la ilusión de formar parte de aquella chocolatada. Ya era mayor para ir con todos, para trajinar aventuras, para chivarme de tonterías y protestar de alguna que otra perrería del Colega. Ver como daban vueltas al chocolate para que se espesara, esperando con impaciencia el momento de servirlo era algo hipnótico.

Al final siempre acabábamos con la lengua quemada porque nos fiábamos de que la telilla de chocolate que se formaba en la superficie era indicio de que ya estaba templado. Acabada la chocolatada y de ponernos como el Quico con las galletas María, llegaba el momento de devolverla, ¡¡no fuera que la perdiera y la abuela se enfadara!! y entonces me ví a mi misma entrando por la puerta de la cocina, sin cerrarla, corriendo para dejar la taza en el fregadero, con prisas por el miedo a que los demás se fueran sin mi a jugar a otra parte del pueblo y ya no me dejaran salir a buscarlos.

Cuando le pregunté a mi abuela que fue de aquella taza, no supo decirme, parecía que se había perdido y con ella todo lo que representaba. La melancolía me sacudió con un escalofrío repentino...ahhh!, no...eran mis primos que se habían dejado la puerta abierta de nuevo.
Después de todo, aunque algunas cosas falten, otras no cambiarán mientras los vínculos y la familia sigan unidos.




martes, 17 de enero de 2017

Las Madreñas

Nota: tenia esta entrada en el borrador desde hace tanto tiempo parada, que se remonta a antes de dar a luz... de ahí las referencias al embarazo.

Ya hace bastante tiempo que no editaba ninguna entrada. Puede que mi embarazo de mellizas y la consecuente merma de energías esté relacionada, o que simplemente las musas pillaron vacaciones y no volvieron hasta ahora...


En cualquier caso, héme aquí en Mallo, de nuevo, lista para compartir otro recuerdo. Esta vez, el flashazo vino a raíz de unas madreñas. Para los que no las conozcan, la madreña es un calzado tradicional de la región astur-leonesa, hecho de madera y diseñado para introducir en ellas las zapatillas de andar por casa. Se utiliza sobre todo para labores del campo y es una solución ingeniosa para andar calentito, seco y limpio, evitando el contacto con las moñicas, el barro y las aguas del invierno. Además puedes ir de casa en casa dejando las madreñas en la puerta, y disfrutar de la sensación de ir en zapatillas de andar por casa allá donde vayas. Particularmente aprecio el hecho de no tener que meter el pinrel en un zapato frío cada vez que salgo a la calle y las madreñas son la solución definitiva a ese problema.
A veces fantaseo con llevármelas a Castellón y ponerlas de moda por allí, pero esa es otra historia.


Volviendo a lo mio...estaba yo en el portal de mi abuela, cuando divisé bajo el banco, asomado entre regaderas rotas y latas XXL recicladas de atún, el morro de una de las viejas madreñas de mi abuela. Las saqué de su escondite y vi con pena que se habían deteriorado mucho con el paso del tiempo y el uso constante. Tenían una amalgama de polvo y abono entre los 3 tacos, y una de ellas tenía una raja que hacía imposible usarla de nuevo. Definitivamente estaban rotas y en el olvido, y ya habían sido sustituidas por unas nuevas.

A pesar de estar en el olvido, consiguieron dibujar en mi cara una sonrisa, esta vez, traviesa y cómplice. Porque ¡anda que no las usé yo a escondidas cuando mi abuela se despistaba! Como ella tenía el pié menudo, a mi ya me valían con 10 años. Cuando metía mis bambas dentro tenia carta blanca para bajar a ver a mis amigos los gochos, las gallinas, las vacas, los conejos y todo bicho que pernoctara en las cuadras por algún u otro motivo.
Solía empezar la ronda visitando a las gallinas. Estaban confinadas en un corral con acceso a un añadido de la casa, de manera que en los meses de frío tuvieran cobijo. Al principio del verano, cuando no me conocían, se acercaban a ver que pienso les traía... pero al finalizar el verano huían despavoridas al gallinero a refugiarse. Concluyo que no les gustaba mis intentos samaritanos de enseñarles a volar contra el muro del corral. Siempre pensé que no volaban por que les faltaba un empujoncito.. jejeje! A medida que pasaban los días, el numero de huevos descendía alarmantemente y mi abuela achacaba el descenso de la producción al calor y a que no comían nada. Entonces se ponía a picarles acelgas y a darles dieta especial, mientras remugaba y valoraba en pasarle a alguna el cuchillo si seguía así la cosa. Huelga decir que decidí suspender mis actividades aeronáuticas y centrarme en otro bicho menos estresable.


Así que dirigí mi atención en la siguiente puerta: la cubilera de los gochos. Los gochos ( o como se suele decir en el resto de España: cerdos) pasaban la vida en una cubilera, que era un cuarto cerrado con muretes y puertas lo suficientemente altas para que el gocho no pudiera saltarlas. Al entrar, era necesario encender la luz porque la oscuridad contrastaba con la claridad del día y caminaba totalmente cegada. Mientras me acostumbraba al olor ácido de los purines en la nariz, ya podía sentir su calurosa bienvenida a base de gruñidos y frenesí contra la puerta de la cubilera. El más ágil de los 3 se apoyaba en lo alto de murete para sacar el hocico y sacar más información de la situación. A decir verdad, la situación era muy simple: 


Cubilera en desuso 
Había un cubo con pienso y restos de comida, que mezclado con agua formaba un puré espeso que se mezclaba con un palo. En mi defensa diré que todo fue casual. Un dia cogí el palo embadurnado de aquella papilla y se me ocurrió meterlo dentro para que los gochos lo relamieran. Una vez dentro comenzaron a pelearse, así que les dí un toque de atención con el palo en la cabeza. Los quejidos me hicieron tanta gracia, que repetí la operación unas 12 veces hasta que por fin, a base de psicología conductista, dejaron de acercarse al palo. Creo que ha sido la única vez que he maltratado a un animal conscientemente y no me hace sentirme orgullosa... pero no lo puedo evitar. Es oir esos gruñidos y reírme a carcajada limpia. Tendré que hacérmelo mirar. Por cierto, en esta ocasión mi abuela estaba intrigada, pues no llegaba a entender cómo aquellos gochos tenían aquellos moratones en el lomo. Cuando le preguntaba a mi madre qué podría ser, más valía salir del cuarto o la mirada inquisidora me pillaría seguro.

La ronda acababa en las cuadras, donde las vacas permanecían amarradas a la espera de que las sacaran a beber y a pastar. Todos los años había un ternerín nuevo, o como diríamos en Mallo, un jato (jatín si era recién nacido) que recibía todo tipo de atenciones de parte de una servidora. No todo iba a ser maltrato, ¿¡eh!? me encantaba rascarle la frente, cepillarlo, limpiarle las orejitas... Después visitaba a todas y cada una de las vacas.Todavía recuerdo algunos nombres: la Morena, la Paloma, la Serrana, la Mora...
Hecha la ronda, llegaba el momento de reunirse con los demás niños, así que tenía que devolver las madreñas a su sitio o no podría repetir el ritual al dia siguiente.

Con el tiempo, mi amor por las madreñas no mermó, y acabé encargándoles a mis tíos que me compraran un par en la fiesta del Pastor. Cada año me las pongo y rememoro todos aquellos momentos, y me hacen sentirme muy especial, privilegiada, diría yo. 
¿Y vosotros? ¿qué significan para vosotros vuestras madreñas? 

miércoles, 25 de mayo de 2016

Me gustas mucho tu!

Me gustas mucho... turiruriruuuu
Me gustas mucho tú! Turiruriruuuu...
tarde o temprano seré tuya, mio tu seráaas

No lo puedo evitar. Escucho esta cancion de la Durcal, cierro los ojos y estoy alli, con las bambas, mi coleta con lacito a juego con el conjunto de turno que mi madre había elegido con cuidado ese dia, mis cien pesetas para comprarme el cacaolat en el bar de campaña improvisado, y un ansia viva por que llegara la sobremesa...

A los ojos de una niña de 5 años el lugar donde todo acontecía se revelaba inmenso. No alcanzo a recordar qué tipo de árbol estaba plantado, seguramente pino o chopo, pero en cualquier caso no se trataba de un bosque al libre albedrío. Los árboles habían sido plantados mucho tiempo atrás para repoblar el bosque, de manera ordenada y alineada y el efecto visual de profundidad propiciaba esa sensación de inmensidad.

Decenas de coches se arremolinaban alrededor del acceso al bosquecillo. Venian de todos los lugares de la geografía española, aunque la mayor parte eran de León. La diáspora del valle Luna se encarnaba en aquella celebración, que a pesar de lo triste del motivo de reunión (algo así como:" señores, somos lo que queda de un valle eliminado de la faz de la Tierra y fustigado por una autopista que fue pan para hoy y hambre para mañana), era una celebración llena de alegría, alboroto, y algún que otro perrito piloto, jejeje.. 



Si alguna vez estuviste en la fiesta del emigrante de Mirantes, sabrás de lo que te hablo. No podía haber comienzo de verano mejor. La idea era ir con la familia a pasar el día, encontrar un buen sitio donde extender la manta y buscar a los amigos para explorar aquello y hacer tiempo hasta que llegara la hora de la comida y se llevaran a cabo las actividades del programa de actos.

Mi abuela cocinaba para todos, y lo que mas triunfaba era la tortilla de patata, o el flan, todo ello de tamaño XXL. Las pechugas empanadas también estaban muy buenas! la verdad es que al principio comer en el suelo era un coñazo, pero luego supongo que uno se acostumbraba y era lo de menos. Tengo grabado en la memoria el dibujo del mantel, o de cómo mi abuela se aguaba el vino para que no le subiera tanto a la cabeza. Con la música de la verbena de fondo, se pasaba un buen rato sentados al pie de los árboles. A menudo nos visitaba alguna que otra avispa, y era lo único que rompía lo idilico de la situación.

En fin, acabado el ágape, había una cita pendiente en la barra del bar de campaña que mis tias organizaban todos los años en la fiesta. Lo mas sensato era buscar a un patrocinador para que sufragara los gastos del helado, así que sólo había que mirar con ojitos de niña buena al abuelo o algún familiar mayor y solucionado, jeje! con el polo en la mano, junto con mis primos y amigos, pasábamos la tarde de un lado al otro del bosquecillo, mirando como los mayores se disputaban el concurso del baile Chano (ahí mi abuelo lo daba todo, era muy bailarín), admirando el cordero que se sorteaba a última hora con el archiconocido método de la baraja española y la mano inocente (un año tuve yo el honor de serlo)...

Pero para qué nos vamos a engañar, todos los rapaces ardíamos en deseos de que anunciaran por megafonía el comienzo de la carrera de velocidad. Es curioso como todos los guajes confiabamos plenamente en nuestra forma física y pensábamos que lograríamos la victoria dándoles candela a nuestras bambas Victoria. En medio del bosquecillo, a lo largo de un espacio entre lineas de árboles, amigos y familiares nos jaleaban  y animaban. El frenesí se desataba cuando daban la salida y parecía que las piernas no se enteraban de la película. La realidad es que ganaban siempre los mas mayores, por aquello de la zancada mas larga... pero oye, siempre caía otro polo por aquello de reponer fuerzas.


Y es ahí, en ese preciso momento, cuando relamiendo el polo sabor a victoria agridulce, en la verbena tocaban la canción que tantos buenos recuerdos me trae...


Poco más recuerdo de aquellos días en que todavía la gente que vió el valle Luna libre de las aguas decidía reunirse una vez al año para estrechar lazos y compartir buenos momentos. Hoy en día ya no se celebra nada de eso. Es una espinita que tengo clavada, otra de las experiencias que viví y que mis hijas no verán jamás a menos que se retomen.

Si alguien con capacidad para cambiar eso me lee, por favor, hagan lo que esté en su mano para rescatar esta fiesta. Por que no hay muerte más definitiva que la de enterrar nuestra historia bajo capas de lodo de pantano, olvido y descuido.

Perdimos mucho bajo las aguas. No perdamos lo único que nos queda. La memoria.


domingo, 24 de abril de 2016

homenaje a una casa caída

Desde que he entrado en el club de las madres de mellizas, mi tiempo ha dejado de pertenecerme. Ahora tiene nombre y apellidos de dos personitas que me hacen valorarlo todavía mas que antes. Por ello me veo a mi misma aprovechándolo para cosas básicas: disfrutar del silencio, dormir, depilarme las cejas... esas cosas que deben hacerse con tranquilidad.

Atrás quedaron los dias en los que si quería, podia dedicarme a escribir, pintar, dejar volar la creatividad. Hoy sin embargo, las musas me visitaron mientras daba el pecho a mi hija Dora y me cogieron de la mano para volver años atrás. Fué curioso como me teletransporté a un periodo muy feliz de mi vida. Resulta que al mirar la lampara de mi habitación, comencé a adivinar formas de personas en el patrón caprichoso de la pantalla. Hice exactamente lo mismo que hacia en las ultimas horas del dia en mi habitación de casa Covadonga. En aquel cuarto, el techo había tenido ciertas humedades que habían dejado marca en el techo de madera y que inevitablemente hacían volar mi imaginación. No paraba de ver rostros al estilo Belmez, y a decir verdad, mas de una pesadilla gestaron en las noches de verano.

Pero ya me estoy yendo por las ramas... hoy mi intención es hacerle un homenaje a la que fué una de las casas con más momentos bonitos acumulados en las que he tenido el honor de habitar en mi pueblo: es decir, Casa Covadonga.


Al contrario de la gran mayoría de las casas de mi pueblo, esta fué concebida y construida sin la necesidad de albergar el ganado en la parte baja de la misma, ya que segùn cuentan, su primer dueño era un paisano que volvió de Argentina con algo de pecunio como para permitirse ese lujo..
Así se explica el gran tamaño de los ventanales, los balcones, la altura de los techos y me atrevería a decir que esa bañera de principios de siglo XX lacada en blanco resumía el tipo de lujos que sus primeros propietarios se gastaban, en contraste con la humildad reinante en el resto de moradas, donde las ventanas mas bien eran pequeñas para evitar perdidas de calor, y los techos eran bajitos, justamente por lo mismo.

Por lo demás desconozco qué otros lujos se permitían, pues con el paso del tiempo, y el uso, poco quedó de aquellos días. Parece ser que la esposa del indiano no consiguió adaptarse a la vida del pueblo y pidió volver a su Argentina natal. Si a ello le sumamos el declive del valle con la construcción de la presa, y la gestión deficiente de una confederación hidrográfica del Duero nada comprometida con los habitantes de la zona del embalse de los Barrios de Luna, al final tenemos una casa que pudo ser y no fué.

Orientada al sur en su totalidad (curiosamente en el pueblo,qué pocas casas antiguas se construían cara al sur), daba ( y siguen dando sus ruinas envueltas en maleza) la bienvenida a los que llegaban al pueblo. Constaba de una planta principal, con su despensa, la cocina con puyero, un salon bastante majo, dos habitaciones grandes y un baño, que más bien era un final de pasillo bien aprovechado, con su lavabo, su bañera centenaria, su lavadora y ese inodoro anclado al suelo con hormigón armado (siempre he pensado que resistiria un bombardeo sin despeinarse). Lo mejor de la casa, en mi opinion, eran 5 cosas:

  • la trampilla en medio del pasillo que daba acceso al sótano, como en las pelis de miedo americanas. 
  • el sonido del agua de la presa cuando daban el agua a las huertas bajo el Castillo
  • La ventana de la cocina, marco privilegiado que te permitía vislumbrar quíen venia y quien se iba de Mallo con tiempo suficiente para identificarlos. En un pueblo sin bar, era una gran distracción.
  • La entrada con ese miniporche sostenido por 2 barras de hierro, y esas piedras lavadas por el tiempo que contenian marcas de conchas fósiles grabadas en su superficie.
  • Como era una casa vieja y estábamos de manera provisional hasta ver qué decidia la confederacion, la verdad es que limpiábamos lo básico, pero teníamos cero preocupaciones en cuanto a decoración, que si vienen visitas, que si debes tener cuidado con el suelo que es de madera y se ralla, y un largo etc que hacía muy cómodo vivir en una vivienda tan espartana. Ahora vivo en una casa muy bonita y cuidada, pero somos esclavos de tanto detallito y tanta historia.
En el sotano había 3 estancias, una de las cuales permanecia siempre cerrada con las pertenencias de Covadonga y Honorato... ah! si, permitidme que os hable de ellos un poco:

Su nombre, por el que se la conoce, viene de su penúltima moradora, la célebre Covadonga. Con su marido Honorato, vieron pasar muchos veranos entre aquellos muros. No soy consciente de haberlos conocido en persona, pero de ellos queda en el pueblo el recuerdo de un hombre con mucha paciencia y una mujer de armas tomar. 
Por otra parte, en la casa, cada rincón habla de aquel matrimonio; el papel pintado en la pared, el suelo de hule, cada remache imposible en calderos de plástico, apaños dignos de los artesanos del reciclaje más finos de la Habana...
El caso es que de la noche a la mañana, todavía no se como, dejaron la casa tal y como estaba. Honorato se puso malo y ya no volvieron más. El verano que nosotros entramos a vivir en ella, parecia como si el tiempo se hubiera detenido en aquel dia. Había algunos enseres, un par de viejas chaquetas y algunas latas...

Lo cierto es que al principio resultaba un poco raro ponerse a vivir en un sitio que hablaba por si sólo de sus antiguos moradores, ya fallecidos por aquel entonces. Pero en fin, supongo que con el tiempo fuimos integrándonos en la casa. 

 Que yo recuerde, pasamos en ella al menos 3 ó 4 veranos, llenos de aventuras, anécdotas, risas, reuniones en torno a las motos antiguas de mi padre, nos encargamos de mantener el pulido de aquellas piedras de la entrada con nuestras posaderas, vimos hacer tomatinas con tomates verdes y unos cuantos alemanes...
Estábamos tan a gusto que intentamos de todas las maneras conseguir que la confederación hidrográfica del Duero nos concediera el alquiler, pero no hubo manera. La burocracia y el pasotismo de la CHD y la Junta no permitieron hacer nada. Aquello fue la sentencia a muerte de la construcción. El tejado formaba parte de una estructura anexa que amenazaba ruina y era cuestión de tiempo que se llevara por delante la parte sana. El resultado? Casa en el suelo. Otra flor marchita. Otro agujero en la red. Otro hogar que perdió el calor, en la larga lista de historias olvidadas en un valle azotado.

Perdonad si acabo con sabor amargo esta historia, pero por desgracia mi pueblo también tiene sombras que no se pueden esquivar.